Ética y buen actuar del servidor popular

Dr. Adrián Osiel Millán Vargas




Doctor en Ciencias Sociales por la UAEMex. Es miembro de la Red Académica de Gobierno Abierto, México (RAGA), de la Red de expertas y expertos del Observatorio Interamericano de Gobernanza e Innovación Pública (OIGIP) e investigador del I-lab México Laboratorio de Innovación Pública e Inteligencia Artificial. Candidato a investigador nacional del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores del Secihti. Sus líneas de investigación: Innovación Pública, Gobierno Abierto, Integrante del Comité Anticorrupción de Toluca y Combate a la Corrupción. Actualmente, es titular del Órgano Interno de Control de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM).

 

“El poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”, Andrés Manuel López Obrador

 

El pilar de una buena administración pública es el servidor consciente, el que tiene vocación de servir y no de servirse. No es una cuestión de implementar políticas o de bajar recursos a la gente, sino de hacerlo con transparencia, compromiso e integridad. El nuevo discurso nos habla de honestidad y austeridad, aunque no está exento de críticas y desafíos, pero tiene un concepto interesante: El servicio popular. Una de las frases que marcó el sexenio del presidente López Obrador nos llama a la reflexión sobre la ética y el buen actuar del servidor público, pero reconfigurado como servidor popular: “El poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás” (López Obrador, 2024).

El concepto del “servicio popular” es una reorganización del aparato administrativo del Estado como lo conocemos ya que se rige bajo los principios de la corriente filosófica obradorista llamada el Humanismo Mexicano, estos principios son: generar mayor bienestar para toda la población, austeridad republicana y combate a la corrupción.

Por muchos años el régimen oficialista tejió un sistema burocrático que funcionó para operar en beneficio de los intereses de una minoría por encima de las mayorías; es decir, hubo una transferencia de bienes y recursos públicos a particulares a través de los servidores públicos, que no servidores populares. Los servidores populares se distinguen por su vocación de servicio, pero sobre todo por su nivel político de conciencia, su ética, integridad y buen actuar para ayudar a quien más lo necesite sin abusar del poder, todo ello a través de los principios de transparencia, rendición de cuentas y honradez.

 

La ética en la nueva administración pública

Arellano (Arellano, 2004) nos dice que la ética en el servicio público es un principio irrenunciable, no es sólo un complemento de la gestión pública, sino su esencia misma. 

Acabar con los gastos ineficientes, promover el ahorro en la administración pública, reorientar los recursos hacia programas del bienestar y mejorar la infraestructura, además de combatir la corrupción, señalar y erradicar la simulación, a este conjunto de principios le ha llamado austeridad republicana. La austeridad republicana no requiere de un servidor público, sino de un servidor popular que actúe con integridad, responsabilidad y transparencia, priorizando siempre a quienes han sido más desfavorecidos históricamente.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2017) destaca que la integridad en la administración pública es clave para construir confianza ciudadana y garantizar la efectividad de las políticas públicas. Los nuevos tiempos han puesto un particular énfasis en la honestidad y la ética, empezando por quien dirige este país así como su antecesor ya que han cambiado algunos conceptos basados en el Humanismo Mexicano y su concepción del poder delegado del pueblo: "El mejor juez es el pueblo". Este discurso ha permeado en la estructura gubernamental, donde se han implementado medidas como la reducción de salarios de altos funcionarios y la eliminación de privilegios. Por supuesto, sería un error limitar la ética al concepto de austeridad republicana, también debemos poner sobre la mesa el tema de la rendición de cuentas, la transparencia y el compromiso con la justicia social.

 

El rol del contralor

No se trata sólo de fiscalizar los recursos y su correcto, o incorrecto, usos de, el rol que juegan los órganos de control y vigilancia son primordiales para garantizar el buen actuar del servidor popular, regidos por la integridad, honestidad y respeto total por la ley. Según Denhardt y Denhardt (Denhardt, 2015), el contralor debe ser un guardián de la transparencia y un promotor de la rendición de cuentas, asegurando que las acciones del gobierno estén alineadas con los principios éticos y los intereses de la ciudadanía.

Vemos que a nivel nacional quien se encarga de este rol es la recién creada Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno. el objetivo es navegar bajo la misma bandera del buen actuar del servidor popular, para ello se han implementado diferentes mecanismos para prevenir la corrupción, pero también para castigarla. Las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) son imperativas en su buen actuar, a través de ellas se pueden crear y operar nuevas plataformas digitales para denunciar actos ilícitos, por ejemplo, además de la simplificación de procesos administrativos para reducir espacios de discrecionalidad. Desde luego, los críticos no están conformes y es que, estamos de acuerdo, se puede redoblar el esfuerzo para erradicar el mal actuar del servidor público en cualquier nivel de gobierno (Internacional, 2024).

 

El buen actuar del servidor popular

Si pensamos en Arellano (Arellano, 2004), un servidor público debe ser un ejemplo de integridad y responsabilidad, actuando siempre en beneficio del interés colectivo. Esto incluye no sólo evitar la corrupción, sino también promover la inclusión, la equidad y la justicia social, pero enfocado desde el nuevo concepto del servidor popular, ya que el servicio popular va más allá de cumplir con el mínimo, pues implica un mayor compromiso con la ciudadanía, una verdadera vocación de servir y sobre todo un apego a la ética social.

El buen actuar del servidor popular debe hacer posible la implementación de nuevas políticas públicas y programas sociales destinados a beneficiar al sector más olvidado de la sociedad, pero sobre todo combatiendo forntalmente las viejas prácticas del clientelismo en la asignación de los recursos del pueblo. Como ejemplo tenemos los programas que arrancaron el sexenio pasado como “Sembrando Vida” o “Jóvenes Construyendo el Futuro”, entre otros. La idea de este tipo de programas es generar oportunidades para los sectores más vulnerables de la población (Coneval, 2024). Es aquí donde se refleja el compromiso ético con la reducción de la desigualdad y la promoción de una mejor calidad de vida para todas y todos.

 

Desafíos del servidor popular

La corrupción sigue siendo el enemigo interno en nuestro país, pese a los avances que ha habido en esta gran lucha desde la administración federal anterior, es un mal que sigue aquejando al servicio público, en vías de llegar al servicio popular, este es el gran reto. Desde la perspectiva del contralor resulta imperativo fortalecer los mecanismos de control y vigilancia para promover la cultura del buen actuar, la integridad y honestidad, además de la consciencia y vocación de servir, no de servirse, en el servidor popular.

Es cierto que el país se ha polarizado en el último sexenio, aún más de lo que ya estaba, muchas decisiones de gobierno han generado fuertes discusiones en diferentes sectores de la sociedad, el tema es la práxis, o falta de ella.

Una de las grandes tareas es reconocer a aquellos servidores populares que actúan con ética y compromiso por el bienestar de las mayorías, no sólo señalar, sancionar y corregir las malas prácticas. Como señala la OCDE (OCDE, 2017), la integridad no es un fin en sí mismo, sino un medio para construir una sociedad más justa y equitativa.

El trabajo aún es largo, la nueva administración pública requiere de personas comprometidas, con vocación de servir y comprometidas con el bienestar social, es decir, servidores populares, conscientes, críticos, transparentes y con pilares bien cimentados en la ética. El buen actuar del servidor popular debe garantizar  que la administración pública sirva realmente al pueblo.


Bibliografía

López Obrador, A. M. (2024, Mayo 14). X. From Lopez Obrador: https://x.com/lopezobrador_/status/1790370970823545036

Arellano, D. (2004). Gestión estratégica para el sector público. Del pensamiento estratégico al cambio organizacional. Fondo de Cultura Económica.

OCDE. (2017). Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. From Integridad en la administración pública.: https://www.oecd.org

Denhardt, J. V. (2015). The new public service: Serving, not steering. New York: Routledge.

Internacional, T. (2024). Corruption Perceptions Index. From Transparency International: https://www.transparency.org/en/cpi/2024

Coneval. (2024). Evaluación de la Política Social. From Coneval: https://www.coneval.org.mx/EvaluacionDS/Inventario/Paginas/Inventario_Programas_Acciones_Sociales.aspx